jueves, 18 de noviembre de 2010

NUESTRA EXPERIENCIA MISIONERA EN JERICÓ


Por: Comunidad Siervos de María y el corazón de Jesús

¡Heme aquí Señor para hacer Tu voluntad!” Siendo este el lema de nuestra Comunidad, Siervos de María del Corazón de Jesús, con la gracia del Espíritu y la osadía en el mismo hicimos nuestras las palabras de la Virgen María cuando nos enviaron a esta misión tomando su ejemplo de servicio y amor.

En la disponibilidad de ese “sí” el Señor nos está concediendo vivir muchas experiencias y a cada momento enriquece nuestro ser misionero. Lo más bello que sentimos es cómo la gente nos hace sentir cercanos, familia, aunque seamos extranjeros. Y la Iglesia, como Madre Universal, nos acogió como tal en las personas del Obispo, Sacerdotes y todos los que conocimos en la Diócesis de Jericó.

Iniciando nuestro apostolado conducidos por la Virgen María el primer paso fue aprender el idioma. Para ello participamos de las clases en el Seminario lo que nos resultó una ayuda fundamental no solamente en el aprendizaje de la lengua, sino que también en nuestra misión en general.

El rezo del Rosario es misión esencial de nuestra Comunidad y apenas empezando nos alegramos con la apertura de las casas y de los corazones en recibir a la Virgen María. En las veredas nos llama la atención la disponibilidad incluso de los campesinos que paran su labor para dedicar su tiempo a la oración y escucha de la Palabra de Dios.

Con los niños y jóvenes en las escuelas o en la calle encontramos una realidad distinta a la nuestra, un interés particular por las cosas de Dios y la posibilidad de hablar de Jesús de una forma clara y sencilla.

En cada rostro vemos la fuerza y expresión de la hermosa unión de lo cultural y lo religioso, donde en la búsqueda de ofrecer lo mejor a Dios se utiliza el arte, destacándose lo bello de trabajar en común.

Sin embargo, de forma muy especial, presenciamos al Cristo que sufre, pero se alegra con la vida y las pequeñas cosas que le son ofrecidas con amor. Eso es lo que vivimos en el asilo y aunque poco tengamos para darles, mucho más recibimos de ellos.

En todas las cosas vemos la mano de la Virgen María conduciéndonos y abriéndonos los caminos, permitiéndonos la búsqueda de la realización plena de la vivencia de nuestro carisma, es decir, de testimoniar el amor y la compasión del Corazón de Jesús.

a los más pobres y necesitados, a los que sufren las consecuencias del pecado y del desamor por medio del Inmaculado Corazón de la Virgen María, ya que es su intercesión lo que nos garantiza el encuentro con el Maestro.

En fin, aquí aprendemos a vivir el nuevo de Dios y con espíritu de gratitud pedimos oraciones para que nos sean dadas la sabiduría y fortaleza a fin de que como la Virgen Santísima sepamos ser fieles a los planes de Dios. 

Aprovechamos para agradecer el cariño de todos que con mucho amor nos acogieron y nos acogen en su país, en sus casas y en sus vidas. Pedimos que la Virgen María, Tesorera de las Gracias de Dios, derrame todas las gracias necesarias en sus vidas y sus familias.


Misa del cumpleaños de la Comunidad en el asilo Hogar de la Providencia – 13 años – 21.09.2010





¡LA MISIÓN!, CLAMOR DE LA IGLESIA, PUEBLO DE DIOS!


Por: Pbro. Jhon Jairo Betancur Garcés
       Delegado Diocesano para la Pastoral

Los Obispos reunidos en Aparecida, reflexionaron en el grave y serio deber al que es llamado todo bautizado, ser “discípulo-misionero”. Hoy, haciendo eco a las palabras de Aparecida, permitimos que resuenen en nuestros oídos y lleguen a lo más hondo del corazón: “Como discípulos y misioneros estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe y a anunciar que Cristo ha redimido todos los pecados y males de la humanidad (…)”. (134)

“Intensificar nuestra vida de fe”, esta es una clara y contundente llamada de la Iglesia; entonces, nuestro primer deber consiste en revisar nuestra vida de fe, desde nuestra actitud al asumir el Evangelio. 

Para ser realmente “Discípulos-Misioneros”, hemos de tomar como imperativo, testimoniar nuestra fe a partir de una vida evangélica ejemplar. Nuestra predicación será un válido y creíble anuncio, cuando se establezca una relación muy profunda entre lo que decimos y lo que hacemos, a esto lo llamamos coherencia. Ser y hacer se necesitan, son indispensables, no se concibe el uno sin el otro. Esto exige, naturalmente, un cambio de vida integral y una conversión personal. “La Buena Nueva debe ser proclamada, en primer lugar, mediante el testimonio” (EN 21). Si no damos testimonio, no podemos evangelizar. Aquí es oportuna la siguiente pregunta: ¿Mis prácticas cristianas son verdaderamente evangelizadoras?

“¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!” (Is 52,7)

El deseo de la Iglesia, mejor aún, el querer de Dios es que, las misiones se extiendan y el nombre del Señor sea conocido y amado en todo el mundo. Somos enviados a compartir el Evangelio con cada persona. Somos enviados a ofrecer el divino bálsamo de la fe.

La alegría de la experiencia del “encuentro personal y comunitario con Jesucristo, debe ser compartida. El don de la fe es para compartirlo. Hemos de mantener la alegría del Discípulo-Misionero en el servicio del Reino. Consideremos como tarea prioritaria y una válida exigencia del Señor: “Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a toda criatura”. (Mc 16,15)





“NUEVA TIERRA TEOLÓGICA”



Por: Johan Sebastián Agudelo Jaramillo

          Tercero de Teología


Y es que un universo sin el Evangelio,

se tornó en ciencia”



La ciencia de las misiones pretende sobre todo ser verdadera teología” (Joseph Glazik). Entonces ha surgido una nueva ciencia teológica en nuestros tiempos, tan latente a través de las épocas. Aquella que le da fin a nuestros estudios teológicos, aquella que es importante para ser cristianos universales, aquella que levanta los sueños de Dios y forma a los obreros del Reino, los que están en el vértice del corazón divino. Ésta es la Misionología; la que orienta la labor y la esencia de la Iglesia, su misión, de llevar a todo hombre hasta Cristo.




Cada día más pisamos los umbrales de un mundo lleno de nuevos retos, de grandes religiones milenarias y de espiritualidades profundas que caminan por el desierto de la tierra, buscando beber un oasis infinito, el corazón de Jesús. De ahí la necesidad de prepararnos como auténticos discípulos y misioneros de Cristo. En la considerable llanura del pensamiento cristiano, la Iglesia ha vislumbrado desde las fronteras de los siglos una nueva tierra teológica, a veinte centurias de encenderse la tea ardiente de la fe sobre el mundo.


Hemos arribado al siglo XXI, y todavía hay un profundo anhelo que no ha descansado, el Evangelio debe estallar, y estallar en el mundo entero, en especial sobre aquella inmensa faz que se oculta detrás de una luz, la luz que en las noches aciagas despide el Crucificado. La Misionología con sus presupuestos y sus métodos, buscan encargarse de tan loable deseo. Ciencia que está emergiendo poco a poco de manera sistemática con el apoyo de otras ciencias teológicas que beben de la doctrina perenne del Evangelio. En efecto, miremos lo que comprende la ciencia de la misión:



1. Doctrina o teoría de la misión: explica la esencia y la naturaleza, el origen y la meta, los presupuestos y las leyes, la legitimidad y el valor de la misión, así como su relación con los otros recintos de la vida.



2. Historia de la misión: describe los acontecimientos reales, cada uno de los sucesos y las diversas fases de la misión en el curso de los siglos, sus éxitos y fracasos.


3. Misiografía: descripción del estado actual de la misión, advirtiendo sus problemas y podrá indicar cuales son sus cometidos necesarios y sus caminos en el futuro.


4. Metodología misionera: consiste en enseñar como debe comportarse concretamente el misionero para conseguir los objetivos de la misión.



5. Derecho misional: la aplicación de los cánones generales y el conocimiento y estudio del derecho particular, ya que la actividad del misionero cuenta con unas determinadas normas y leyes.



Todo un copioso curso para enamorase cada vez más de esta ciencia, que es clave en los estudios teológicos de un buen cristiano. Ya que ante un mundo que no conoce a Cristo, ante un mundo que se descristianiza y se neopaganiza se hace necesario que llevemos nuestro intelecto y nuestro corazón al estudio de la Misionología, ¡ser expertos en misión! formarnos al calor de un buen impulso misionero y divisar dese la habitación del alma las naciones que participan de esta aventura de la Buena Nueva: África ¡cómo crece tu fe!; Europa ¡cómo menguas tu fe!; Asia ¡cómo prometes tu fe!; Oceanía ¡cómo despiertas tu fe!; América ¡cómo luchas por tu fe!


En definitiva: “…un universo sin el Evangelio, se ha tornado en ciencia”. Tenemos ánimos misioneros que recorren desde las venas, los tejidos y los nervios pasando por los buenos recuerdos, los más esmerados pensamientos, las más decididas ilusiones hasta llegar a la fe, la caridad y la esperanza que mueven nuestra existencia sobrenatural. El corazón susurra: Cristo no es idea, Cristo es salvación, y éste ha de llegar a todos ¡Dios bendiga la Misionología!, precisamente en esta hora presente, cuando en pleno siglo XXI despertamos el ardor misionero que también animó a los primeros evangelizadores en los albores de la Iglesia.


RECORDANDO LA PASCUA



Por: Pbro. Jairo Franco

        Misioneros de Yarumal (África)



En el silencio de la misión me puse un día a recordar la Pascua, me imaginé hablando con María sobre esos días de nuestra alegría, y pude registrar en mi corazón la siguiente conversación, que es más bien un monólogo de la Señora alentado por mi pregunta.


Cuéntame María de ese momento en que tuviste la dicha de la resurrección.


Habían sido unos días de oscuridad…. días y noches… como la llama mortecina ya sin aceite que la alimente, así me sentía yo.  El sábado en la noche, después de un día largo de silencio y descanso y recuerdos y pesadumbre en el corazón me fui a la cama.  Había tanto dolor y tanta paz dentro de mí. 


Era un dolor grande como un rio de muchas aguas.  Era una paz honda como el mar.  Dolor que desembocaba en la paz.  Estaba triste, sí… pero mi tristeza era como  un mantón que protegía la belleza guardada en mi alma:  una esperanza que se gestaba dentro de mí, concebida así como había concebido a mi Jesús… de lo imposible para los hombres y mujeres.


Me acosté pues rendida, apesadumbrada, embarazada de esperanza.  Todavía, en el umbral del sueño que restaura, mi conciencia,  que ya se apagaba, como haciendo eco a un grito lejano, repetía sin que yo siquiera me lo propusiera:  “En la mañana hazme sentir tu gracia”… y me dormí.  Y dormir aquella noche fue como entrar en el sepulcro donde yacía mi Jesús.


Pasaron unas dos o tres horas de sueño profundo… era como si yo estuviera muerta, o mejor, como si de nuevo fuera tejida en las entrañas de mi mamá.  De pronto desperté y desperté en una alegría inexplicable, una alegría para la que no hay medida…. y desperté escuchando  a Mi Jesús que me saludaba…reconocía su voz y su sonrisa….  – ¡Alégrate llena de gracia, estoy contigo! no si decir si estas cosas pasaban dentro de mi o fuera de mi.    Abrí la ventana de mi cuarto y vi que la noche estaba todavía más luminosa que el mismo medio día. 


Las estrellas como ángeles gritaban paz y yo de tanta luz me sentía como la luna de aquella pascua y a mi Hijo, mi Jesús Señor,  como al sol naciendo feliz en oriente.  No sé cuánto tiempo me quedé mirando por esa ventana.  Fue María de Magda la que me trajo al domingo nuevo que despertaba a Jerusalén.  Ella tocaba la puerta de la casa y tenía la prisa de una noticia para decir. Le abrí y nos abrazamos y movidas por la fuerza de Dios en nosotras empezamos a cantar al unísono: “Proclama mi alma la grandeza del Señor…”, y fue cantando que nos dimos cuenta que las dos ya sabíamos la Buena Noticia.


Y después, ¿fuiste al sepulcro?

No.  Sabía que mi Jesús Señor estaba vivo, ¿para qué ir a los muertos?


Le agradecí al silencio esta revelación y me quedé feliz por estas cosas que habían entrado por los oídos de mi corazón… y estaba agradecido porque es esta misma alegría de María la que nos ha traído a la misión,  para que ninguno siga buscando entre los muertos.



Sopa de letras
Busca en la "sopa de letras" el mensaje que se escribe a continuación: "Todos los hombres, conforme a su dignidad de ser personas, tienen la obligación moral de buscar la verdad, sobre todo la que se refiere a la religión”.



¿PARA QUÉ LOS HA ELEGIDO EL SEÑOR ?


Por: Rodrigo León Osorio Benjumea
          IV de Teología


La evangelización es la tarea propia de la Iglesia, que ha recibido como gran legado de su fundador, el mismo Jesús; en otro tiempo Jesús eligió a los doce para que fueran a dar testimonio de su nombre en todas partes y ellos convencidos en su Palabra y enseñanzas, acogieron en el corazón el mandato: “Vayan pues y hagan discípulos a todas las gentes” (Mt 28, 19), no se quedaron quietos, supieron obedecer, conocían la inmensa necesidad de anunciar el Reino de Dios.

La voz que Dios dirige a sus discípulos para que le sigan y difundan su mensaje de salvación (cf. Juan 10, 27), no es algo de otro tiempo, aún sigue vigente y reclamando a muchos miembros de la Iglesia, que se acomidan a esa labor, que cumplan cabalmente con el encargo que el mismo Jesús les hace para que sea conocido y amado por muchos.

Pero parece ser que a los que el mismo Jesús llama y más aún ha elegido, se sienten tal vez poco animados en la tarea de ser eficaces heraldos de la Palabra de Dios, no desean salir de sus fronteras, olvidan el ejemplo de los apóstoles, que luego de la ascensión de Jesús, salen a colaborar con el Señor en la predicación de su Palabra por todas partes (cf. Mc 16,20); es necesario seguir las huellas de Jesús, que sin debilidad, recorría todas la ciudades y aldeas anunciado la Buna Nueva, porque la mies era mucha (cf. Mateo 9,35-38), pero hay casos en que los obreros son abundantes, pero ninguno se percata para salir a trabajar a la vasta viña del Señor como Él lo pide (cf. Mt 20, 1).

Hoy día hay muchos hombres sedientos de saber la verdad; son diversas las vertientes del conocimiento que pretenden mostrar el atractivo de Dios, pero en muchos casos para nada coincide con una imagen clara de quien es realmente, por ello es necesario que muchos sepan que un día Dios en su infinita misericordia envía a su único Hijo a anunciar a todo el género humano que la salvación es posible si lo escuchan y lo siguen (cf. Gálatas 4,4); por eso a ejemplo de de Jesús, se necesita grandes héroes del Evangelio que se aventuren a ir más allá, a enseñar las verdades de la fe (cf. Ex 3,1).

Es urgente que muchos conozcan cual es el camino verdadero para llegar a Dios, pero falta más conciencia sobre la dignidad de ser hijos de Dios (cf. Jn 1,12) que se ha recibido en el sacramento del bautismo y más aún en los que han sido elegidos para el orden sacerdotal (cf. Hbr 5, 1), es necesario salir de sí mismo, para saber que es Cristo mismo quién llama y pide que vallan a muchos lugares, pero eso sólo es posible si se imita verazmente la vida del mismo Cristo y la de sus discípulos, que dejándolo todo (cf. Lc 5,11), fueron capaces de ir a dar testimonio vivo de una verdadera vocación evangelizadora.

Cristo se hizo hombre para experimentar en medio de las personas sus flaquezas, comprender sus sufrimientos, sus necesidades, pero todo ello lo hizo por que comprendió el gran valor de la obediencia, siendo manso y humilde corazón (cf. Mt 11, 29), con estos valores supo hacer la voluntad del Padre y no la propia, con esas mismas perspectivas es necesario asumir un verdadero espíritu misionero, que lleve a ver cuál es la voluntad de Dios.

Es banalidad y ociosidad quedarse extasiado y maravillado en un solo lugar contemplando intereses humanos y no seguir el mandato de Jesús, de ir a todas partes. Jesús fue obediente no se envalentonó en su propio ser, aún siendo Dios se abajo y con gran sacrificio dio todo cuanto fue necesario para cumplir la tarea de anunciar que el Reino de Dios en todos lados, incluso dar su vida en la cruz (cf. Fil 2,6-8), todo ello porque comprendió y asumió con docilidad la obediencia; por eso hay que dar todo cuanto sea necesario en la obra misionera, escuchando  y atendiendo fielmente el mandato de ir a anunciar a Cristo dónde sea necesario. (cf. Lc 9, 60. 62)


El mismo Jesús no vino a ser servido sino a servir (2 Cor 8, 9), que ejemplo tan magno para todo el género humano, por ello los que han recibido el sacramento del bautismo, asumen la misma misión de Cristo, ser sus servidores para ir a anunciar con dedicación su Palabra, para hacer a muchos hombres discípulos y misioneros (cf. Mt 28, 19)


Pero más grave encargo es para quienes son llamados a través del orden sacerdotal (cf Hbr 5,1), no solo asumen la tarea de Cristo, sino que deben dar vivo ejemplo de Él en toda la tierra, acogiendo con fidelidad la labor evangelizadora, siendo otros Cristos que se donan y se gastan  por amor a Dios y su Reino.

La actividad misionera no es un añadido del ministerio sacerdotal y menos para los bautizados, pues el mismo Jesús en virtud y confianza, llamó a los que él quiso, y designo a los doce para que lo acompañaran y enviarlos a predicar (cf. Mc 3, 13); por ello no se entiende el por qué no salir, si el mandato viene del mismo Cristo que con gran amor los ha llamado, los ha elegido para que sigan sus pasos, sin que sea una imposición y menos una carga pesada, más bien es un acto de fe, de entrega fiel a Dios y amor al ministerio para el cual han sido distinguidos, para ser multiplicadores y administradores inconfundibles de las cosas de Dios, dando siempre vivo y auténtico testimonio de Cristo en todo el mundo.
Pero no todo es vano, existen hoy muchas personas que van pregonando por todo el mundo que Cristo está vivo, dando con alegría el testimonio del amor de Dios (cf. Jn 15, 9). La tarea es seguir concientizando a muchos para qué es lo que Dios los llama, que no es otra cosa que ir más allá y anunciar su mensaje de vida y así se cumpla el deseo de Dios, que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad (cf. 1 Tim 2, 4-6).

Es necesario contar con cuantiosos y buenos discípulos y misioneros que asuman el trabajo misionero con toda entrega y dedicación, dejando de lado todo tipo de recato personal, pues Cristo por amor se entrego a asimismo para redimir a todos los hombres de las tinieblas del pecado (cf. Mt 27, 26), ¿entonces por qué no adquirir este mismo ejemplo, en dar la vida por muchos en el servicio de anunciar el Evangelio?

Cuando las cosas se hacen por amor como lo hizo el mismo Cristo (cf. 1 Corintios 13,13), es fácil ser un auténtico misionero, además conocer con intensidad  la persona de Cristo, vivir como Él, siempre obediente a la voluntad del Padre, porque  “el discípulo a medida que conoce y ama su Señor, experimenta la necesidad de compartir con otros su alegría de ser enviado, de ir a todo el mundo a anunciar a Jesucristo, muerto y resucitado” (DA 278 e), sólo con estos impulsos, se es capaz de cumplirle al Señor y saber para qué se es llamado y elegido, ya sea sacerdote o laico, la terea es de todos.

Es realmente envidiable los valores y fortalezas que posee Jesús en cuanto a su labor de anunciar el Reino de Dios, nada le impedía, todo lo hacía por complacencia y glorificación a Dios, incluso antes de su ascensión se dice que tomó la firme determinación de ir a Jerusalén (Lc 9, 51-56), se denota su gran interés de estar siempre en continuo trasegar en todas partes, dando testimonio del amor del Padre, que bueno que así muchos obreros del Evangelio asuman la actitud de Jesús, ir a todas partes sin importar el tiempo y el lugar.

La tarea es enorme y ardua, son muchos los que necesitan ser consolados, animados, encontrar esperanza en sus dificultades, ser curados en las duras penas del alma, abriéndoles su entendimiento para que vean las maravillas que hace de Dios en todos los que se acogen a Él(cf. Mc 7, 31-37), por ello Jesús sigue esperando la respuesta de muchas gentes ya bautizadas y en especial de los que ha llamado y elegido, para que redescubran la importancia de su ministerio y asuman con radicalidad la vida de Cristo, que sin remilga sepan ir a todas partes a anunciar que el Reino de Dios está cerca y que sólo Él tiene palabras de vida eterna (cf. Mt 3, 2; Jn 6, 68).


 
... Y LLAMÓ A LOS QUE ÉL QUISO;

Y VINIERON JUNTO A ÉL...

PARA QUE ESTUVIERAN CON ÉL

Y PARA ENVIARLOS A PREDICAR.

Mc. 3,13
... Y LLAMÓ A LOS QUE ÉL QUISO;
Y VINIERON JUNTO A ÉL...

PARA QUE ESTUVIERAN CON ÉL

Y PARA ENVIARLOS A PREDICAR.

Mc. 3,13

HOGUERITA MISIONERA


Por: Luis Rodinger Jaramillo Cardona

         III de Filosofía



Ya nuestra diócesis ha comenzado a dar pasos muy significativos y de vital importancia, para el impulso de la misión continental o misión permanente. Como es bien conocido  esta misión pretende  un reencantamiento  para que todos los hombres y mujeres,  se entreguen y acojan por completo a  Cristo Salvador  y Única Verdad. “Dios quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad” 1Tim 2, 3-4


Nuestra gente  y nosotros mismos tenemos sed de Dios, como lo decía la beata  madre Laura; y debemos saciar esa sed. Esto implica pues un gran compromiso de todos y una responsabilidad demasiado grande, no sólo para los ministros ordenados sino para todos los bautizados, que debemos dar testimonio y mostrar por completo  nuestra identidad  de cristianos. Aquí podemos traer a colación  el mensaje  de SS Benedicto XVI, en la jornada  de oración por las vocaciones  de este año, “el testimonio suscita vocaciones.”


Este testimonio debe  ser autentico, desinteresado, maduro y con el podremos llegar  a muchas personas que se encuentran  alejadas o sumidas en la indiferencia, esto no es ajeno en nuestras comunidades, conocemos de muchos sectores que están involucrados  en esta lamentable realidad. ¿Pero verdaderamente que estamos haciendo  para ir difundiendo la tarea misionera?


Nadie desconoce  el proselitismo que muchas grupos  realizan en nuestros pueblos, ellos precisamente llegan a lugares  que se encuentran marginados  y hasta a veces olvidados por nosotros mismos, eso es muy grave y debería ser reevaluado en la planeación pastoral de cada parroquia, no se trata de competir ni de caer en ese proselitismo dañino, se trata es que  prestemos atención  a esta situación, e intensifiquemos las visitas  a estos lugares, que la gente sienta verdaderamente  la presencia  de la Iglesia que es: Una, Santa, Católica, Apostólica y también podemos  decir en este inicio del tercer milenio que es Misionera.


Este es un trampolín para encender en todos la hoguerita misionera; que inicia con el testimonio, el amor a Dios a la Iglesia y al prójimo y así nuestros pueblos, barrios y veredas en Él tendrán vida, por que Jesucristo nos debe interpelar en el hoy de nuestra diócesis que se prepara para su centenario y obviamente bajo la protección de la Santísima Virgen María bajo la advocación de nuestra Señora de las Mercedes en su centenario de haber llegado a Jericó.


TODO OCURRE POR UNA RAZÓN

Por: Jorge Eliecer Montoya Hernández
           I de Teología

Algunas veces las personas llegan a nuestras vidas y rápidamente nos damos cuenta de que esto pasa porque debe de ser así para servir un propósito, para enseñar una lección, para descubrir quienes somos en realidad, para enseñarnos lo que deseamos alcanzar.


Tú no sabes quienes son estas personas, pero cuando fijas tus ojos en ellos sabes y comprendes que ellos afectaran tu vida de una manera profunda. Algunas veces te pasan cosas que parecen horribles, dolorosas e injustas, pero en realidad entiendes que sin que superes estas cosas nunca hubieras realizado tu potencial, tu fuerza, o el poder de tu corazón. Todo pasa por una razón en la vida.  


Nada sucede por casualidad o por la suerte, enfermedades, heridas, el amor, momentos, perdidos de grandeza o de puras tonterías, todo ocurre para probar los limites de tu alma. Sin estas pequeñas pruebas la vida sería como una carretera recién pavimentada, suave y lisa, una carretera directa sin rumbo a ningún lugar, plana cómoda y segura, más empañada y sin razón.


La gente que conoces afecta o contribuye a tu vida, las caídas y los triunfos que tu experimentas crean la persona que eres. Aun se puede aprender de las malas experiencias. Es más, quizás son las más significativas en nuestras vidas. Si alguien te hiere, te traiciona o rompe tu corazón le das gracias porque te ha enseñado la importancia de perdonar que es lo que nuestro Maestro Jesús quiere y enseña, y también a tener más cuidado de a quien le abres tu corazón, y a quien confías tus cosas.


Si alguien te ama, ámalo tú también, no porque él te ama, sino porque te ha enseñado a amar y a abrir tu corazón y tus ojos a las cosas pequeñas de la vida. Has que cada día cuente; y aprecia cada momento además de aprender de todo lo que puedas aprender, porque quizás más adelante no tengas la oportunidad de aprender lo que tienes que aprender de este momento. Entabla una conversación con gente que no hayas dialogado nunca y actualmente escúchalos y presta atención.


Permítete enamorarte, liberarte y poner tu vista en un lugar bien alto, “la santidad”. Mantén tu cabeza en alto porque tienes todo el derecho a hacerlo. Repítete a ti mismo que eres un individuo magnifico y créelo, sino crees en ti mismo nadie más lo hará. Crea tu propia vida, encuéntrala y luego vívela....porque hay mucha gente y en especial Jesús que espera mucho de ti.